Mis conexiones cerebrales lastimadas funden parte de mi realidad en un gama extensa de paisajes anormales inventados, el dolor de una jaqueca matutina al fin me coloca entre destellos parecidos a los producidos por un golpe en el rostro, frente a decenas árboles desconocidos, hermosos, sangrantes y palpitantes; alargan y retraen grandes ramas como brazos terminados en pequeñas ramillas emulando bizarramente dedos humanos, señalan hacia arriba donde una luz tenue que lastimaria los ojos si fuese real, se filtra entre nubes de colores no inventados, un suelo de musgo tierno hace que en cada paso dado se sienta el movimiento de las entrañas de la tierra.
Seguro de estar irrumpiendo en una alucinación ajena, un paisaje imaginado por alguien más, un pensamiento distante impropio de mis iluciones egoistas, trato de elejarme y llegar a mis propias concepciones que me dan gratificaciones efimeras, sigo un sendero oscuro y estrecho sin luz en el fondo y parece ser el camino correcto para llegar a mi mente, caminando, pensando en la conciencia de estar en una alucinación pienso en la posibilidad de pensar sobre pensar y estar conciente de mis pensamientos dentro de una alucinación.
Al final del sendero que recorrí en un tiempo indefinido sin la medición al que el humano lo limita, pudiendo ser 2 minutos o 2 días, porque el cerebro es tan basto que no se limita a tiempo ni espacio, aparece frente a mi una pared alta, giro la cabeza y no tiene fin hacia los costados, veo hacia arriba, rebasa las nubes y se pierde en el infinito de mi visual, asustado trato de retroceder pero aparece una pared identica, sin color, ni blanca ni negra, solo presente y sólida.
Sigo facinado por lo irreal de lo que esta pasando, por conciencia de estar compartiendo un mundo ajeno, pienso que tal vez caí en un trampa para lo incautos que tratan de ingresar a una ilusión personal y traten de hacerla colectiva.
La unica salida era caminar para abajo, el musgo absorvió mis piernas, mi torso y luego mi cabeza, mientras las entrañas de esa alucinación viva me recibia y me ayudaba a escapar de mi.
En el subsuelo existia un paisaje sepia, era como si viera todo a traves de un filtro, todos los seres se movian ritmicamente tenían formas angulosas y su concistencia era como la de las medusas.
Seguí avanzando hacia abajo y fui expulsado por la tierra hacia un desierto de arena verde, las dunas reflejaban como escamas de un reptil, la luz de tres lunas azules en un cielo rojizo.
Después de varias eternidades contemplando la inmensa soledad, otro golpe de destellos me regresa a mi mente, donde el catalogo de paisajes posibles se veían poco atrallentes y aburridos.
Me di cuenta que en todo ese tiempo no había cerrado los ojos, un sabor amargo en la boca me señalo que la jaqueca terminaba y me dejaba plantado igual que siempre entre "Ella" y la realidad cotidiana...